Sombreros de Montecristi, una herencia familiar que trasciende fronteras

Los sombreros de la ciudad costera de Montecristi se han convertido una herencia familiar que se traspasa de una generación a otra y trasciende las fronteras de Ecuador.

Este 2017 se cumplieron cinco años de que la Unesco declarara el tejido de este sombrero típico como patrimonio inmaterial de la humanidad.

La familia Pachay ha estado involucrada en la elaboración de este arte milenario desde hace más de cuatro generaciones, confirmó a Andes Kleyer Pachay, hijo de doña Flérida, quien a sus 87 sigue forjando una herencia en sus descendientes desde hijos a nietos.

“De acuerdo a un estudio de la Universidad Laica de Manta nosotros somos la única familia que mantenemos la tradición, es decir que somos los que mantenemos desde nuestros ancestros y de generación en generación con esta actividad”, mencionó el primero de los nueve hijos de Flérida, de los cuales seis se dedican a la elaboración de los sombreros.

El sombrero de Montecristi tiene una denominaciones de origen (DO) reconocida por la Unesco y por el Instituto Ecuatoriano de Propiedad Intelectual, quienes para entregar este rango nombra a tres actores el que cultiva y procesa la paja toquilla; el segundo es quien teje el sombrero, y el tercero, en el que está la familia Pachay, es el acabado.

“El sombrero es una prenda emblemática cotizada por varios personajes en el mundo como políticos, artistas de cine, de la música. Entonces se ha posesionado como una prenda exclusiva, tal es así que para que esta tradición no se pierda la Unesco la declaro como patrimonio cultural y material de la humanidad hace seis años”, añadió Kleyer.

Entre las figuras a la que se refiere el artesano está el actor estadounidense de películas como Star Wars o Indiana Jones Harrison Ford o la cantante y actriz Jennifer López, quienes adquirieron los sombreros en “precios que aquí nosotros podríamos comprar un auto de lujo con lo que ellos han pagado, por ejemplo Ford gastó 120.000 dólares”, dijo el primogénito de doña Flérida, quien recuerda el arte que le llega de su abuelo materno, Abraham Pachay, dedicado a esta actividad.

Flérida Pachay heredó a sus hijos la elaboración de los sombreros de paja toquilla. Foto: Micaela Ayala

“Esta tradición la heredé de mis padres, ambos eran muy buenos tejedores, pero cuando papá murió me hice cargo de la elaboración de los sombreros. Al principio no me salían pero después ya me hice una experta”, recuerda entre risas Flérida, quien también es enfermera, profesión que no ejerció.

La artesana enseñó este arte primero a Kleyer y luego a sus otros hijos, seis de los nueve siguen confeccionando los sobreros de paja toquilla. “Lo que principalmente hay que tener en la elaboración es mucho cuidado porque es un trabajo minucioso. Hay que ver todas las fallitas para que el sombrero quede bien”, sostuvo la madre, que recibió el premio al sombrero súper fino de paja toquilla entregado por la Unesco en 2011.

La familia también es parte de la Asociación de Artesanos de Montecristi, la que congrega a buena parte de quienes tejen el producto en la ciudad, que tiene una población de 70.294 de acuerdo al último censo realizado en el país y con una historia reconocida y mucha tradición. Su más grande figura histórica es el general Eloy Alfaro Delgado, uno de los mayores revolucionarios del país. Parte de sus restos reposan en el museo de la Ciudad Alfaro, ubicado en lo alto del cerro Montecristi.

Vía Agencia Andes

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